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Como se empezó a conocer la Patagonia

Fieles a nuestro principio de revelar la historia que está dentro de nuestros paisajes empezamos por la Patagonia y como la conoció occidente, primera parte.

Siglo XVI

El Estrecho de Magallanes según Pigafetta

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En 1520, en una costa denudada y ventosa de Santa Cruz, en la América redescubierta, un testigo calificado llamado Pigafetta vio por primera vez un hombre descendiente de la primera migración en Patagonia.  Viajaba en la expedición organizada por España y al mando de un marino portugués llamado Hernando de Magallanes. Los llamó “Patagones”. Si el vocablo corresponde al tamaño exagerado que atribuyeron a sus pies, o a la novela de caballería “Primaleón”[1] –en boga por aquellos años- en la que un gigante llamado “Pathagon” hacía de las suyas, es anecdótico. Lo cierto es que a partir  de ese momento se llamó“Patagones” a los hombres que hallaron y por extensión “Patagonia” a la tierra que habitaban

 

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En  1534  Carlos V dividió la parte española de América del Sur, de norte a sur, entre cuatro “adelantados”: Francisco Pizarro, Diego de Almagro, Pedro de Mendoza y Simón de Alcazaba. A este último, portugués,  se le ordenó la conquista y  poblamiento de la región  entre los 36 grados de latitud sur y el estrecho de Magallanes.  Partió la expedición de Alcazaba y no pudiendo ingresar al Estrecho de Magallanes por el mal tiempo, retornó hacia el norte y tomó tierra en la Caleta Hornos de la Bahía Gil, 29 kilómetros al sur de la actual localidad de Camarones, en la provincia del Chubut,   fundando el “Puerto de los Leones”  y estableciéndose.   Partió hacia el sur por tierra, descubriendo los ríos Chubut y Chico, al que llamó Guadalquivir

 

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Rio Santa Cruz

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Rio Chico

y hacia el oeste hasta probablemente Los Altares, en Chubut. Estableció contactos con los tehuelches y volvió a su “real”. Finalmente, una revuelta acabó con su vida y con el primer intento colonizador europeo en la Patagonia

En 1550, las ansias de riqueza, la necesidad de sal, la búsqueda de los Césares y esclavos para las minas de plata en Chile, llevaron a los españoles a cruzar la Cordillera de los Andes a la altura del Neuquén.  Jerónimo de Alderete, lugarteniente de Valdivia, fue el primero de una buena lista de peninsulares que penetraron Patagonia desde el oeste. Su intención era descubrir el paradero de los náufragos de la expedición del Obispo de Plasencia, perdidos en el Estrecho, lo que demuestra la capacidad increíble de atravesar regiones desconocidas que tenían estos europeos. En 1553 Francisco de Villagra siguió los pasos de Alderete y cruzó los Andes por Villarrica, en busca de sal y esclavos recorriendo la zona del lago Huechulafquen, el volcán Lanín  y volviendo a Chile por el paso de Lago Hermoso.

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Lago  Huechulafquen y volcán Lanín

Y en 1563 Pedro de Leiva penetró la vertiente oriental descubriendo y describiendo a los “pehuenches” o indios de los piñones que habitaban los extensos territorios poblados por la araucaria, al oeste del Neuquén, donde los almacenaban en grandes silos subterráneos, algo que ya Gerónimo de Vivar había adelantado en 1558.

 

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En 1577, esta vez de Inglaterra pero con la misma avidez por oro y riquezas, el corsario Sir Francis Drake partió hacia América.  En agosto perdería todas sus naves menos el Pelikan –luego Golden Hind-

 

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y muchos de sus hombres caerían bajo las flechas y las bolas de los patagones. Los españoles del Perú, viendo amenazados sus dominios, enviaron a Pedro Sarmiento de Gamboa para defender el Estrecho y colonizar sus costas. El insigne navegante alternó con los tehuelches iniciando quizás por vez primera el intercambio de bienes: mantos de piel de guanaco por sombreros de fieltro.

 

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La costa de Puerto Hambre

Las relaciones terminaron con algunos combates y los intentos colonizadores de Sarmiento en un fracaso rotundo. Los infortunados pobladores perecieron de hambre y de frío en una de las más tristes acciones de la instalación humana en América.

 

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En 1598 también los holandeses – navegantes osados y esclavistas- decidían arriesgar sus vidas por el oro y el dominio fuera de Europa. Oliver Van Noort llegó el 20 de septiembre a Puerto Deseado,

 

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donde recalaron para reparar   daños y reponer provisiones. Mataron pingüinos y focas hasta cansarse y los   conservaron en sal. Permanecieron allí durante más de un mes y  perdieron 3 hombres en combates con los indígenas mientras   incursionaban en el interior.  Su detallado  testimonio acerca de las formas de enterratorio son importantes: “…algunas sepulturas en las cuales ponen a sus muertos, colocados en alto y levantados en rocas y cubiertos con muchas piedras todas teñidas de rojo; tienen además adornadas sus sepulturas con dardos, penachos y otras cosas raras que usan por armas.”

En Tierra del Fuego habían masacrado con sus mosquetes a 40 Selknam tomando cautivos a otros seis.